Una película me hizo reflexionar sobre la importancia de la integralidad de la persona menoscabando por cierto la magnificencia que la sociedad le da al cómo nos vemos o lucimos en público. Para encontrar el verdadero amor no se necesita tener prendas nuevas ni aprender líneas de memoria para parecer educada o galán, lo verdaderamente significativo es lo que (va a sonar terriblemente cliché y trillado)
los seres llevan por dentro. La esencia misma que hace diferenciarnos a todos. Basta ya con esas barreras que dicen que si te vistes de tal forma o actúas de otra perteneces a un determinado grupo social.
Personalmente me agrada la idea de que todos nos concibamos como personas corrientes con las mismas facultades y con los derechos de actuar cómo se nos plazca y vestirnos como se nos antoje para la ocasión.
Lo reitero, para amar, no necesitas un guión preestablecido o ser la persona perfecta, más vale que vean dentro de tu corazón, lo que piensas y sientes a que te juzguen por las apariencias.
(Dios no juzga por las apariencias, dicho por Gonzalo Duarte, el dato freak de la nota)
1 comentario:
amo como escribes. siento que es muy parecido a mi forma de escritura literaria. a veces a muy bien pensada y argumentada, y otras como un vomito de palabras que al fin solo tienen sentido para nosotros xD
es la locura de tener un blog viteh.
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